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viernes, 31 de marzo de 2017

LA JUSTICIA TIENE MIEDO

EL MIEDO A SER ASESINADO ES LÓGICO EN LOS HUMANOS, PERO ALGUNOS DEBEMOS SABER, QUE EN EL SUELDO, ESTÁ INCLUIDO ÉSE RIESGO, EL QUE TE ASESINEN.

Dice el artículo 24 de la Constitución que “todas las personas tienen el derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y Tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que en ningún caso pueda producirse indefensión”. Por su parte, el artículo 117 de la Constitución dice que “los jueces y magistrados” serán “independientes” y estarán “sometidos únicamente al imperio de la ley”, y el artículo 122 configura el “Consejo General del Poder Judicial”.

Pues bien, la independencia de los jueces y tribunales supone, la independencia de su órgano rector, y sin la independencia de dicho órgano rector no existe la independencia del poder judicial, y sin la independencia del poder judicial no existe democracia verdadera, porque la independencia de los llamados tres poderes, el legislativo, el ejecutivo y el judicial, es la piedra base de la misma.

Pero esta piedra base se quiebra, porque los miembros del poder judicial los nombra el poder legislativo, y, a la hora de la verdad, los partidos consensuantes. Si sería anómalo que los jueces eligieran a los diputados, absurdo es que los diputados elijan a quienes han de constituir el Consejo General del Poder Judicial, que de este modo, aunque quiera, no puede ser independiente ya que moralmente se haya vinculado al partido político que lo eligió.

Lo que quiere decir, que tampoco son independientes los jueces y magistrados que, por una parte han de responder al dictar sentencia, a su concepto personal de la justicia -que difiere según la asociación profesional e ideológica a que están afiliados-, y por otra, se hayan sometidos en su riguroso, delicado y trascendente quehacer a una triple presión: la política, la mediatica, y la proetarra.

De aquí, no sólo el descrédito de la justicia, sino los insultos y ofensas que recibe de portavoces oficiales, y que han derivado en ese amilanamiento de los miembros de la judicatura, cuando tienen que enfrentarse a separatistas, proetarras y podemitas.

Es mucho más democrático, y hasta cómodo diría yo, languidecer y dar jabón a proetarras y podemitas, antes que garantizar el orden constitucional establecido. Los guardias civiles agredidos salvajemente en Alsasua, y sus familiares, no cercarán el domicilio de ningún juez o fiscal; no perseguirán, insultarán ni agredirán a nadie. Por eso no se les teme y pueden ser ignorados, ninguneados y finalmente olvidados. Tan olvidados, que todos hemos sido testigos del recibimiento en el Congreso de los Diputados por Unidos Podemos y sus confluencias junto a ERC, PNV, PDeCAT -con el beneplácito de la presidente de la Cámara, Ana Pastor-, a familiares de los agresores de Alsasua. Y mientras, el sumario por aquellos hechos va pasando de mano en mano como una falsa moneda, hasta que quede diluido como un azucarillo quedando absolutamente en nada.

Convendrán conmigo, que la valoración que la sociedad hace, y el concepto que tiene de la justicia, es la de una institución débil, tímida, cobarde y asustadiza. Prueba de ello, fue la agresión que sufrió la fiscal jefe de Barcelona, Ana Magaldi en febrero de 2017, sin que tuviese tan siquiera el respaldo de sus mismos compañeros ¿Razones? Pues que la señora Magaldi representaba al ministerio público en el juicio del 9-N. Según sus propias palabras: “Me insultaron. Me llamaron mierda, fascista, eres una mierda, vete de Cataluña, fuera”. Y no ha pasado absolutamente nada.

Ningún acontecimiento de los que están teniendo lugar en España en el ámbito social, político o judicial, han surgido por reacción espontánea. Todos forman parte de una hoja de ruta perfectamente diseñada. Ejemplo: doña Carmen Tagle González (DEP), fiscal de la Audiencia Nacional, asesinada el día 12 de Septiembre de 1989 por los etarras Henri Parot y Jacques Esnal, con información suministrada por Francisco Múgica Garmendia, alias Pakito, hizo unas declaraciones en las que afirmaba: “…de nada sirve que un asesino acumule mil años de cárcel porque no va a cumplir ni siquiera treinta, ya que va a entrar en juego la redención de penas por el trabajo, el buen comportamiento en prisión y otras ventajas que invalidan absolutamente no sólo el valor de una sentencia, sino la esencia misma de la justicia”. Poco después, cinco disparos acabaron con su vida, uno de ellos, en la nuca para rematarla.

'Txapote' y Manson


De cómo trata la Justicia norteamericana al asesino de Sharon Tate y cómo trata la española al de Miguel Ángel Blanco.

Un Manson que se aprovechó del ambiente de libertad, de inconsciencia y de permisividad de aquella época para abducir a unos cuantos jóvenes, especialmente chicas (de ahí el título de la novela), y llevarles a cometer una serie de crímenes espeluznantes. El más famoso y tremendo fue, en agosto de aquel año, el que tuvo por víctimas a la actriz Sharon Tate, mujer de Roman Polanski y embarazada de ocho meses y medio, y a cuatro personas más que se encontraban en su casa de Beverly Hills.

La Policía tuvo bastantes problemas para encontrar a los autores de la matanza, pero cuando lo consiguió y los llevó a juicio fueron condenados a cadena perpetua sin remisión posible, y no a muerte porque una decisión del Tribunal Supremo de California eliminó la pena capital en 1972.

Susan Atkins (1948 –pongo el año de su nacimiento para que se sepa la edad que tenían cuando cometieron sus asesinatos–) murió en prisión en 2009, tras 40 años de cárcel; Patricia Krenwinkel (1947) sigue presa y parece que está rehabilitada, después de 47 años; Leslie van Houten (1949) también sigue en la cárcel: en abril del año pasado el comité de libertad condicional de California votó a favor de que se le concediera la condicional, pero el gobernador del Estado, el demócrata Jerry Brown, ha bloqueado hasta hoy su puesta en libertad.

El gurú de la banda, Charles Manson (1934), también sigue en la cárcel a sus 83 años; en 2012 hubo una revisión de su condena, con el resultado de que le denegaron la libertad condicional y le anunciaron que no puede pedir otra revisión hasta 2027, cuando cumplirá 93 años.

En la cárcel de Huelva se encuentra cumpliendo condena un tipejo, Javier García Gaztelu, que para sus acciones criminales dentro de ETA se hacía llamar Txapote. Está condenado a 450 años de cárcel por los asesinatos de –entre otros– Miguel Ángel Blanco, Fernando Múgica, Gregorio Ordóñez y el policía Alfonso Morcillo. Acabamos de enterarnos de que el juez de vigilancia penitenciaria José Luis Castro le ha dado permiso para que salga de prisión y vaya a visitar a su anciano padre, que está enfermo. Todo dentro de la ley; de una ley, la española, que se basa en la concepción de las penas de prisión como procedimiento para lograr el arrepentimiento y la reinserción social de los delincuentes. Algo que, sin embargo, en el caso de este sujeto todavía no ha ocurrido, según los informes de la Junta de Tratamiento de la prisión onubense.

Que los crímenes de las chicas fueron terribles no ofrece dudas. Pero no es difícil encontrar algún atenuante, como la perversidad del gurú que las había seducido o las drogas que tomaban. Muchas menos dudas ofrece la inhumanidad de los asesinatos del tal Txapote, que disparó tres tiros en la nuca a un indefenso Miguel Ángel Blanco, por recordar sólo uno de sus crímenes. Y, en vez de atenuantes, cualquiera puede encontrar agravantes de premeditación, alevosía y, además, intención de humillar al Estado de Derecho y a la nación de todos los españoles.

Probablemente sea superior en lo moral la concepción de nuestro ordenamiento penitenciario que la del norteamericano, pero también hay que reconocer que la solidez y la solera de su Estado de Derecho son mayores que las del nuestro.


Aquí quedan lo datos. El que tenga oídos para oír que oiga. Y el que quiera reflexionar que reflexione.

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