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miércoles, 4 de agosto de 2010

“En Cataluña acaban de prohibir las corridas de toros, la llamada fiesta nacional”


En las manifestaciones de los antitaurinos que han pasado por televisión, he visto pancartas con la leyenda o lema:"Canarias y Cataluña, contra la fiesta de los toros". Bueno, si ello al menos sirve para tender puentes de comunicación, amistad, colaboración y hasta fraternidad entre Cataluña y Canarias, bien: se matan dos pájaros de un tiro –perdón por lo de matar, ahora que hablamos de la prohibición de la llamada fiesta nacional en Cataluña-. Que yo sepa, ahora mismo esa relación queda señeramente establecida en el fútbol profesional, pues el jugador Pedrito, hace años en la cantera del Barça, es tinerfeño. Y triunfante mundialista, al igual que el también canario Silva, aunque éste no juega en el Barça. Hace décadas, otro canario, el defensa grancanario Gerardo Miranda, destacó en la defensa azulgrana y en la selección española. Sin olvidar a uno de los canarios más ilustres, el tinerfeño Ángel Guimerá, que pasa por ser también un clásico de las letras catalanas.

Bueno, pero el asunto es la fiesta de los toros y su reciente prohibición en Cataluña. Soy capaz, creo, de captar la belleza estética de la lidia en una corrida de toros, su sentido de "metáfora" de la vida: muerte y vida muy cerca la una de la otra, en intensa tensión que puede romperse de un momento a otro... Como la vida misma. Y su dimensión cultural: el arte, la música y la literatura se han echo eco de la llamada fiesta nacional. Pensemos en la poesía de Federico García Lorca, Rafael Alberti, o Miguel Hernández (los tres ideológicamente de izquierdas además), por solo citar a tres ilustres. En este tercero o último, con el permiso de Lorca en su inmortal elegía “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejía”, la poderosa expresividad poética se sirve de motivos del mundo de la tauromaquia de una manera genial, con un incomparable registro. Así, en un hermosísimo soneto de El rayo que no cesa, que justamente comienza “Como el toro he nacido para el luto/ y el dolor, como el toro estoy marcado/ con un hierro infernal en el costado/ y por varón en la ingle con un fruto.”(…)

Gentes de derechas y de izquierdas se han manifestado aficionadas al toreo, en la historia de España y allende los mares, en países de Hispanoamérica como México, Colombia y Perú, principalmente. En España, de siempre los toreros han sido figuras mediáticas de gran proyección popular, y no raramente la prensa rosa y el propio pueblo han aireado amoríos de los toreros (por ejemplo, los de Luis Miguel Dominguín, padre del actual Miguel Bosé, con la actriz Ava Gadner, a la que muchos consideraban un puro “animal sensual”). Si encontraban la muerte en el ruedo, esa muerte era elevada a tragedia nacional casi: Manolete, Paquirri… Incluso famosos anarquistas, como Andrés Carranque de los Ríos (25-4-1902/5-10-1936), quien también pasaría a la posteridad como uno de los primeros actores de la escena cinematográfica española, buscó inicialmente fortuna en la tauromaquia.

Con todo, admito que no vale de mucho para el peso de este artículo pero aun así y todo confesaré que yo nunca he asistido a una corrida de toros; la única vez que he entrado a una plaza de toros fue en Santa Cruz de Tenerife, hace casi ya veinte años, a la sazón estudiante universitario yo allí, para asistir a un concierto musical del grupo canario Palmera. No soy ni siquiera simpatizante de esa fiesta. Nunca veo por televisión corridas de toros. De niño, sí contemplé, por las carreteras canarias casi siempre cuando iba con mis padres, algunos de aquellos enormes ejemplares de toros de cartón piedra visibles desde casi cualquier sitio cercano. Por ejemplo, por la vieja carretera de Tamaraceite a Las Palmas de Gran Canaria, antes de la subida al Cementerio de San Lázaro, recuerdo el gran toro de Osborne (¿digo bien de Osborne?) que allí había. Pero en fin, no soy aficionado a la fiesta de los toros.

Ahora bien, ¿prohibirlas? Pues como que no sé. No lo tengo claro. ¿Prohibirlas porque los toros sufren cruelmente hasta morir? Ya, pudiera ser, tiene peso ese argumento; pero entonces habría que prohibir las peleas de gallos -que en Canarias gozan de gran predicamento, y en Andalucía, entre otras regiones españolas-; lo de prender fuego a los cuernos de los toros -comoquiera que se llame eso en catalán-; acaso la caza de animales salvajes (práctica cinegética); el engorde hasta reventar de patos y ocas, sobre todo en Francia, para obtener de sus hígados el preciado "paté"; algunos tipos de sacrificio de animales con fines alimenticios o industriales; la caza de animales para extraer o arrancarles sus pieles para la industria peletera; la caza de la ballena (miles y miles de ellas al año); la caza de algunas especies de tiburón (sobre todo practicada en Japón: cientos de miles de capturas al año). Y otras prácticas crueles contra animales.

Otra razón que se esgrime para prohibir las corridas de toros es la de que los toreros se juegan la vida "inútilmente". Bueno, bien, podría ser, pero lo de que sea innecesario o inútil ese exponerse a perder la vida es muy discutible, muy relativo: también se exponen a perder "inútil o innecesariamente" la vida los boxeadores (en realidad, toreros y boxeadores pueden llegar a ganar pingües cantidades de dinero con sus respectivas profesiones: no pareciera, así pues, tan "inútil o innecesario" ser boxeador o torero, disciplinas que nada me atraen, ni una ni otra). El automovilismo e incluso el motociclismo y el ciclismo, del que soy tan aficionado yo mismo, figuran entre los deportes de riesgo. Y no digamos el alpinismo, deporte de riesgo máximo.

Si de mis costumbres y gustos dependiera, la fiesta nacional de los toros rápidamente desaparecería por una suerte de fatal "inanición" que acabaría afectando a todos los implicados en la misma: como jamás iría a una plaza de toros a ver ese espectáculo, acabarían cerrándolas todas y desmantelando la fiesta nacional. Pero sigo sin saber si yo las prohibiría o no; más bien estimo o pienso que sí las prohibiría, si de mí dependiera, sólo que sigo abrigando algunas dudas últimas al respecto de su prohibición o no. Sobre todo porque no puedo dejar de percibir el “fantasma”, es decir, la sospecha, de que detrás de su prohibición lo que hay o subyace es un intento catalanista de poner tierra de por medio con todo lo que suene o huela a español de toda la vida, de pura cepa, pata negra. Eso, más que el deseo de no hacer daño cruel a los toros de lidia, animal bellísimo, ciertamente, cada vez que, viajando por la Península ibérica, he podido verlos desde la carretera.

29-7-2010. LUIS ALBERTO HENRÍQUEZ LORENZO

7 comentarios:

Gianna dijo...

...Pues YO SOY INCAPAZ captar la belleza estética de la lidia en una corrida de toros, su sentido de "metáfora" de la vida: muerte y vida muy cerca la una de la otra...
Lo único que sé es que me da igual si está el politiqueo de por medio, y que lo que me alegra es que este país tenga su progreso en este tipo de prohibiciones. España no debe ser conocida mundialmente por sus corridas de toros ni por su muñeca de flamenca. España mucho más que eso. Ya estaba pasándose cien pueblos la cabra que tiraban del campanario. Me río cuando otros dicen que el toro no sufre y que en la arena está en su elemento.
España debe mirar hacia adelante. Ya no estamos en el siglo XVIII. Somos unos salvajes y estamos ya en el siglo XXI y si hay tradiciones que manchan de sangre nuestra imagen, hay que terminar con ellas.
En la fiesta de los toros solo hay dolor y el que cuatro toreros y sus apoderados se enriquezcan a base de la tortura.
Veinticuatro horas antes de entrar en la arena, el toro es sometido a un encierro a oscuras para que al soltarlo, la luz y los gritos de los espectadores lo aterren y trate de huir saltando las barreras, lo que produce la imagen en el público de que el toro es feroz, pero la condición natural del toro es HUIR NO ATACAR. También se le recortan los cuernos para proteger al torero. Le cuelgan sacos de arena en el cuello durante horas.
Lo golpean en los testículos y los riñones, le inducen diarrea al poner sulfatos en el agua que bebe.Todo esto es con el fin de que llegue débil al ruedo y en completo desorden. Se le unta grasa en los ojos para dificultar su visión y en las patas se le pone una sustancia que le produce ardor y le impide mantenerse quieto, así el torero no desluce su actuación.
El picador desangra al toro para debilitarlo, clavándole en el lomo una lanza que destroza músculos (trapecio, romboideo, espinoso y semiespinoso, serratos y transversos de cuello). Lesiona, además, vasos sanguíneos y nervios.
Un solo puyazo podría destrozar al toro, por eso se hace en tres tiempos "para mayor goce de la afición".
Solo los psicópatas gozan...
Como decía Schopenhauer:
" La conmiseración con los animales está íntimamente unida con la bondad de carácter, de tal manera que se puede afirmar de seguro, que quien es cruel con los animales no puede ser buena persona"
Saludos

Gloria dijo...

Amén Gianna. Se puede decir más alto pero no más claro.
Ni es arte ni cultura.
Abrazos fraternales.

DORAMAS dijo...

Gianna, ha dejado usted al personal en su lugar. Yo personalmente ni estoy ni se me espera en una corrida de toros.
Me gustan las de rejoneo, pero como se hacen en Portugal, que no se mata al toro, ni se le tortura inútilmente.
Lo que dices que le hacen a los toros antes de las corridas, lo desconocía.
Otra cosa muy distinta es lo que se ha efectuado en Cataluña, donde realmente lo que se intentaba hacer, no era defender al toro, sino más bien incordiar a una costumbre ancestral por ser española.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con Gianna, pero aquí el problema real es más político que el (NO), a los toros. Quieren aprovechar todo lo que huela a español para apuntarse al carro de la intolerancia taurina.

Como se dice en el artículo del compañero, hay matanzas injustificadas de tantos animales para vestirnos, en temas de investigación y un largo etc..., que casi nadie se apunta a ésas ignominiosas villanías con los animales maltratados en todo el mundo, aunque sea para alimentarnos, que también hay que contar con el mar, lo que hacen con los delfines, las ballenas entre otros peces en vías de extinción por el abuso de la pesca mal controlada.

A mi los toros, ni mu, ni ma, solo que cuando hay que dar guerra, solo hay que buscar el motivo y sacarlo a la calle, estoy en contra de todo lo que se hace mal, Doramas lo dice claro, el toreo es arte, como las sevillanas, el cine, el pintor, el compositor, etc., pero el arte no significa sacrificar al toro ni hacerlo sufrir, ni a ningún animal, se podría torear a la antigua, lo que se les llama los recortadores, que hacían piruetas en el aire y toreaban sin tocarlos, lo que los llevó a la muerte con la estocada, sería alguien que descubrió, que con la sangre daba más valentía ante el toro sin querer ver el sufrimiento del mismo.

La política mezclada con la rabia hacia lo español entre los independentistas-catalanes, solo buscan, no, el bien del toro, buscan hacer daño políticamente y sacar beneficios antitaurino, que mojarse realmente por todos los animales que se sacrifican en el mundo, los réditos políticos, pesan más que el ¡¡NO!! a los toros, ni más, ni menos.

Grancanario

DORAMAS dijo...

Grancanario, lo has descrito muy bien, no es otra cosa que réditos políticos ante las próximas elecciones de Cataluña.

Andrés Libra dijo...

Yo también estoy de acuerdo en que detrás de toda esta bronca por el tema toros hay un claro trasfondo político. De hecho, el boicot al cava y a todo lo que venga de Cataluña ya ha empezado de nuevo y Internet va lleno de llamadas al boicot, y la campaña irá a más.
Yo, que soy extremeño afincado en Hospitalet desde hace quince años, y tan feliz, me hago cruces. Y sobre el tema toros en concreto, no he ido nunca ni me gustan. Así de entrada me parece muy bestia hacer de la muerte de un animal un espectáculo, con música, olés y toda la parafernalia. Por eso en Barcelona la Plaza de Toros está prácticamente vacia, a la que van algunos pocos aficionados y la mayoría son turistas. Eso sí, cuando torea José Tomás, el gurú, se llena porque vienen de todo el mundo, especialmente de Madrid. En definitiva, que si no nos hubiésemos civilizado poco a poco a través de los siglos todavía estariamos disfrutando de tradiciones como la muerte de gladiadores en la arena y divirtiéndonos con las ejecuciones y la muerte en la hoguera, en público. Y saben ustedes como acabaron estas "tradiciones": de inanición?, NO, estoy seguro de que acabaron cuando alguien que podía, o muchos alguienes, dijeron basta y lo prohibieron, y también estoy seguro de que en contra de la opinión de muchos a los que les encantaban.
Un saludo.

DORAMAS dijo...

Andrés, estoy de acuerdo contigo, pero lo que está ocurriendo tiene un trasfondo político que no se puede negar y eso es lo que jode a muchos.
En cuanto al boicot a los productos catalanes, cada día va a más y eso si que es una respuesta con trasfondo político. En pocas palabras un partido de ping-pong, bola para allí, bola para acá.