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viernes, 22 de mayo de 2009

SAHARA, YA


HACE CUATRO AÑOS, ESCRIBÍ ESTO, Y A DÍA DE HOY, NADA HA CAMBIADO. CON LA QUE SE VE VENIR, QUE LUEGO ¡¡NADIE SE RASGUE LAS VESTIDURAS!!

Hace ahora treinta años que el ejército alauí, ante el abandono y la pasividad del Gobierno de España, condenó a los saharauis a la guerra y al exilio en campamentos de refugiados situados en lo mas árido y duro del desierto argelino, "la hammada", -(cuando no a una situación de "apartheid" como la que viven en los territorios ocupados). Miles de mujeres, ancianos y niños, tuvieron que atravesar el desierto a pie en condiciones extremas, sin alimentos, y con terribles variaciones climáticas. Centenares de ellos cayeron allí, acribillados por las balas, abrasados por el Napalm o el Fósforo Blanco, o reventados por las bombas de fragmentación.

Desde 1975 alrededor de 170.000 saharauis sobreviven organizada y pacíficamente en los campamentos, mientras que al menos 45.000 permanecen en las zonas ocupadas, esperando el día en que puedan regresar a la parte del mundo que les corresponde, y de la que fueron expulsados por la fuerza mediante traiciones, artes criminales y la transgresión de todas las normas que en materia de descolonización están contenidas en el Derecho Internacional.

Y, mientras en los campamentos la población sobrevive agobiada por la escasez y por las extremas condiciones de un desierto en donde en estas fechas se sobrepasan con facilidad los 50º, en el otro lado del muro, el Sáhara ocupado, cada saharaui está sometido a una estrecha vigilancia, el derecho de reunión está abolido y la posibilidad de libre desplazamiento no está reconocida. La violación a los derechos humanos de los saharauis es cotidiana y ha quedado debidamente documentada por las organizaciones humanitarias de las Naciones Unidas, la Unión Europea y distintas ONG.

Nunca se ha dado un proceso descolonizador tan penosamente largo como el del pueblo saharaui, que lleva treinta años dándonos una inestimable lección de madurez y responsabilidad, al apostar por una vía de negociación, sujeta al Derecho Internacional, para defender sus justos y legítimos derechos e intereses. Sin embargo, la pasividad de las Instituciones y de la Comunidad Internacional ha hecho posible la consolidación del primer, y por ahora único, caso de invasión militar de un territorio autónomo por parte de otro estado en todo el continente africano.

Ahora las posibilidades de negociación se están agotando. La drástica disminución de la ayuda humanitaria de los organismos internacionales a los campamentos, la continua violación de los derechos humanos en la zona ocupada, la incapacidad de las Naciones Unidas para forzar una solución al conflicto, y el cambio de actitud del gobierno español respecto a la cuestión saharaui, les empuja a plantearse el retorno a la lucha armada.

El pueblo saharaui, como se desprende de uno de sus proverbios: "no hay camino hacia la paz, la paz es el camino", no es amante de la guerra. Los saharauis no son extremistas subversivos, no son islamistas radicales, sino un pueblo que se reafirma en su identidad, cuyos miembros se niegan a aceptar las mentiras oficiales del Gobierno alauita, y se revelan contra la dictadura del miedo aún a riesgo de perder la vida.

En esta España, donde no siempre el contenido de los libros escolares lo determina la ciencia, la memoria o la razón, y donde los medios de comunicación a menudo defienden otros intereses, hasta hace tan sólo unos días no era "políticamente correcto" hablar de este tema, el Sáhara Occidental ya no era noticia, se había pasado de moda. Por eso han causado gran impacto las informaciones que han saltado a los medios de comunicación relacionadas con los graves acontecimientos acaecidos en ese territorio.

El levantamiento que en estos días se ha producido en el Sáhara Occidental, -(un territorio que según la ONU continúa bajo la administración española)-, y que muchos han calificado de "intifada", es consecuencia de la frustración de los saharauis ante la pasividad y el fracaso de las Naciones Unidas y de la Comunidad Internacional para imponer el respeto a los acuerdos en torno a la descolonización del Sáhara Occidental.

La chispa que hizo estallar la "intifada" popular saltó el día 25 de mayo ante la violenta actuación represiva de las autoridades marroquíes contra unos ciudadanos saharauis que participaban en una manifestación pacífica en la ciudad ocupada de El Aaiún. Las protestas se extendieron rápidamente, mientras las autoridades marroquíes movilizaban a las Compañías de Intervención (CIM), los Grupos de Seguridad Urbanos (GUS), y a la policía civil y secreta que, apoyados por militares, decenas de "patrol", vehículos pesados y helicópteros, pusieron en estado de sitio diferentes barrios de la ciudad, y convirtieron en "objetivos militar" algunas casas de barrio de Maatallah. No se limitaron al uso brutal e indiscriminado de porras, palos y bombas lacrimógenas contra civiles saharauis, sino que atacaron y saquearon sus viviendas y propiedades, agrediendo a sus ocupantes sin distinguir entre hombres mujeres o niños.

También en otras ciudades saharauis como Dajla, Smara, Bojador, o Assa se organizaron manifestaciones que fueron reprimidas duramente, siendo agredidos y detenidos diferentes activistas saharauis de derechos humanos.

El movimiento de protesta ha llegado incluso a suelo marroquí. También en Tan Tan, Agadir, Marrakech, Casablanca y Rabat fueron reprimidas violentamente diversas manifestaciones saharauis.

Es difícil conocer la situación real en el Sáhara ocupado, dado que el Gobierno alauita ha vetado tanto el acceso de los medios de información a un lugar que califica de "zona militar", como de observadores internacionales. En los últimos días las autoridades marroquíes han impedido la entrada de dos delegaciones españolas compuestas por representantes políticos, periodistas y activistas de derechos humanos que pretendían ser testigos de la situación en la ciudad de El Aaiún, porque consideraban que sus integrantes apoyaban a los "separatistas", "son parciales y carentes de objetividad", y "apoyan incondicionalmente al Frente Polisario".

Por su parte la "MINURSO" -(Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental)- no se ha dignado a realizar ningún tipo de intervención o comunicado en relación con estos hechos, lo que, una vez mas, a dejado al descubierto las verdaderas intenciones de las Naciones Unidas respecto al conflicto saharaui.

La situación sigue siendo preocupante. El balance de desaparecidos, heridos y detenidos es provisional, habiéndose registrado mas de 100 personas heridas, alrededor de cuarenta detenidos y un número indeterminado de desaparecidos.

El régimen alauí, que se nos ha querido vender como aperturista, modernista, prooccidental e, incluso democrático, está mostrando su verdadera cara; continúa una trayectoria feudal que persiste y se reproduce en la actual monarquía.

Mohamed VI concentra en su persona los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, -(preside el Gobierno, puede disolver el Parlamento y designa a todos los miembros de la cúpula del poder judicial)-, y es según la Constitución vigente el líder espiritual. Controla la economía de su país, -(la familia real dirige directa o indirectamente un volumen de empresas que representan el 65% de la capitalización de la Bolsa de Casablanca, es decir, controla empresas valoradas en alrededor de 9.000 millones de euros)-. Y preside un gabinete totalitario y corrompido incapaz de responder a las demandas sociales y económicas mas básicas, y de llevar a cabo una verdadera reforma de las instituciones.

Bajo el disfraz de la democracia se ha perpetuado una forma de tiranía que degrada la soberanía popular y los derechos humanos, donde el pueblo sólo desempeña el papel de comparsa. Y cuando algunos se niegan a asumir tal condición, y expresan su voluntad contraria a las mentiras oficiales, se convierten automáticamente en un conglomerado de indeseables, de extremistas radicales y de agitadores.

Un Gobierno como el marroquí que ha tenido problemas en todas sus fronteras; al este con Argelia, al sur con el Sáhara, al oeste con la emigración clandestina, al norte con España, y... en su propio territorio con el terrorismo, la droga y la miseria en la que sobrevive la población, no puede seguir siendo "garantía de equilibrio y seguridad" en el flanco sur de la OTAN.

Después de treinta años de ocupación los jóvenes saharauis han comenzado a romper el muro del silencio impuesto por Marruecos; están gritando que ya basta de ocupación y humillaciones, y nos a dicen los ciudadanos españoles que no podemos permanecer por mas tiempo con los brazos cruzados ya que España sigue teniendo una deuda histórica con su país.

Ciertamente nuestro país tiene una responsabilidad ineludible en el conflicto porque era la potencia colonial, porque no concluyó debidamente el proceso de descolonización, y porque firmó un vergonzoso acuerdo con el Gobierno marroquí a espaldas del pueblo saharaui que hizo posible la invasión de aquel territorio por Marruecos. Sin embargo, desde la investidura del nuevo Gobierno español, los acontecimientos se han movido en una sola dirección, la de los intereses de Marruecos, la del reforzamiento de las prácticas feudales de Mohamed VI.

Zapatero ha llegado a decir que, con su gestión, el conflicto del Sáhara podría resolverse en un plazo de seis meses. Ha pasado un año, y las estrategias puestas en marcha por Zapatero en relación con el Sáhara Occidental no han dado ningún fruto, han resultado un sonoro fracaso. Marruecos ha dado pruebas sobradas de que no está dispuesto a ceder ni un metro en la negociación, y de que espera ganar en los despachos el botín que no pudo conquistar en la guerra.

En el conflicto del Sáhara Occidental, como en tantos otros, no es posible el "buen talante", porque no se puede considerar por igual al agresor y al agredido. Apelar a la neutralidad entre víctimas y verdugos, es, simplemente, colocarse del lado de los agresores.

Mientras hombres, mujeres, jóvenes y niños saharauis son heridos, detenidos, torturados, vejados o hechos desaparecer en su propia tierra, el Gobierno español no puede limitarse a "pedir calma", sino que está obligado a utilizar toda su influencia con Marruecos para acabar con esta gravísima situación; y ésta tarea compete también a todo el conjunto de la sociedad española y de las organizaciones sociales de este país.

Las represalias de las fuerzas marroquíes ante las pacíficas manifestaciones saharauis representan una situación tan grave que requiere también de una intervención urgente y contundente de las Naciones Unidas que garantice la libertad de expresión de manera pacífica, civilizada y democrática, y proteja la integridad y la seguridad de los saharauis.

La intifada saharaui no ha concluido, toma fuerza y se extiende por varias ciudades, pero tampoco lo ha hecho la represión marroquí.

Ya es hora de dejar de ser cómplices de estos hechos. Lo que está en juego no solamente son los derechos y los intereses del pueblo saharaui, lo que está en juego prácticamente es la estabilidad del Magreb, del norte de Africa, y la credibilidad de las Naciones Unidas.

En cada "jaima" de los campamentos de refugiados se siguen con gran interés, las noticias de lo que está ocurriendo tras el muro. Desde ambos lados se empieza a trabajar activamente por esa patria a la que todos confían en volver. Esta solidaridad, hasta ahora inconcebible, que se respira no sólo entre saharauis de ambos lados del muro, sino también entre muchos marroquíes identificados con esta causa, hace concebir muchas esperanzas.

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